Arquivo: 
Download pdf (1.45 MB)
Realização: 

ANDI - Comunicación y Derechos, Red ANDI América Latina
Apoyo:
Secretaria de Derechos Humanos de la Presidencia de la República Federativa de Brasil (SDH/PR);
Secretaría Nacional de Promoción de los Derechos de los Niños y los Adolescentes (SNPDC);
Consejo Nacional de los Derechos del Niño y el Adolescente - Conanda

Grandes eventos deportivos y los derechos de niños, niñas y adolescentes
Ano: 
2014

Por segunda vez en su historia, en 2014 Brasil será la sede de un Mundial de fútbol. A la emoción y las expectativas suscitadas se las puede comparar con las de 1950, año en el que este país acogió el certamen internacional por primera vez y en el que disputó el título de ganador con Uruguay en el estadio de Maracanã, en Río de Janeiro. Sin embargo, el Brasil y los brasileños de hoy en día distan de los de aquel entonces.

Actualmente, Brasil constituye una potencia emergente en el panorama internacional, en la que se han llevado a cabo progresos sociales importantes, sobre todo durante las dos últimas décadas, durante las que se ha conseguido una reducción significativa de la pobreza y se han visto mejorar los índices del país, en especial en lo tocante a los campos de la sanidad y la educación –en un proceso que está nítidamente asociado con la consolidación del sistema democrático.

Tal como el Brasil de hoy día se distingue de manera clara del de aquella época, el Mundial de 2014 también resultará diferente del que se celebró en 1950. El primer Mundial que se celebró en este país contó con la participación de trece selecciones, que jugaron veintidós partidos en seis estadios diferentes, a los que asistieron un total de un millón cuarenta mil espectadores.

En el Mundial de 2014 habrá treinta y dos selecciones, y se jugarán sesenta y cuatro partidos en los estadios de doce capitales distintas, a los que irán dos millones seiscientas mil personas, entre brasileños y extranjeros. Un acontecimiento de este tamaño ocasiona impactos que sobrepasan la mera dimensión económica, al afectar de distintas formas la vida de distintos sectores de la población –entre los que se encuentran los niños, niñas y adolescentes.

Efectivamente, abundan los beneficios directos e indirectos que potencialmente puede generar un Mundial cuando se piensa en los sectores más jóvenes de la población: incentivo a la práctica deportiva, contacto con otras culturas, aumento de la autoestima nacional y mejorías de la movilidad urbana, además de otros aspectos que pueden constituir aquello a lo que se denomina el legado social del Mundial.

Pero donde Brasil va a tener más oportunidades de conseguir avances es, precisamente, en la protección que se les brinda a niñas, niños y adolescentes vulnerables. Las graves violaciones de derechos que padecen estos grupos –tales como violencia sexual y trabajo infantil– han estado siendo objeto de preocupación por parte de autoridades, movimientos sociales y especialistas, a causa del peligro de que la situación llegue a agravarse en el contexto de los grandes eventos.

Por ese motivo, dichos sectores han construido un mecanismo de articulación importante: la Agenda de Convergencia Protege Brasil. Al reunir a representantes del gobierno, de la sociedad civil, del campo empresarial y de la cooperación internacional, este colectivo ha estado contribuyendo a consolidar un legado positivo para las chicas y chicos brasileños, a partir de un conjunto de acciones integradas e intersectoriales, que llegan a las doce ciudades sede de la competición.

También ha sido la perspectiva de la defensa de derechos de estos grupos la que ha llevado a editar la presente publicación a ANDI – Comunicación y Derechos, en colaboración con la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República de Brasil (SDH/PR), la Secretaría Nacional de Promoción de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (SNPDC son sus siglas en portugués) y el Consejo Nacional de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Conanda).

Al concebir a la prensa como un elemento clave para fortalecer la democracia, conseguir el respeto de los derechos humanos y un desarrollo inclusivo, esta Guía pretende llamar la atención de los periodistas brasileños y extranjeros que van a cubrir el Mundial no solo acerca de los peligros, sino igualmente de los mecanismos de protección de niñas, niños y adolescentes.

Sin hacer caso omiso a lo complejo que resulta organizar un evento de estas proporciones ni a los retos que le plantea a la sociedad brasileña, esta edición reflexiona también sobre ciertas cuestiones que facilitan la comprensión del Brasil actual, la relevancia del Mundial de 2014 para el país y la interacción entre este certamen y el proceso de maduración de la democracia en el país.

¡Disfruten de la lectura!